José Francisco Palmiotti
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Ciudades accesibles y para todos
Para que un destino urbano sea considerado atractivo, no sólo debe ser bello y seguro: también debe ser accesible para todos. Este concepto se refiere al conjunto de características que posee el entorno, de modo que pueda ser aprovechado, para su disfrute, en condiciones de seguridad, igualdad, comodidad y autonomía. Según explican desde la Defensoría del Turista de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para que una ciudad sea catalogada como “accesible” debe presentar un diseño universal, de manera que todos los miembros de la sociedad puedan hacer uso de ella sin dificultades o barreras que impidan el goce.

Estas barreras, además de sociales, suelen ser arquitectónicas y de diseño, por lo que a muchas ciudades (salvando las españolas Madrid, Barcelona, Santander, Málaga, Córdoba y ciertas urbes de Islas Canarias, además de las loables acciones de La Cumbre y Santa Rosa de Calamuchita, en Argentina) les queda un largo camino por andar.
Entre muchos más aspectos relevantes, una urbe accesible debe contar con rampas en sus edificios, hoteles con habitaciones accesibles para personas con capacidades diferentes y parques infantiles con áreas de juegos igualmente accesibles. Otro aspecto poco difundido es que los mostradores para atención al público deben tener una altura máxima de 110 cm. Y en cuanto a la calle, además de semáforos con señalización sonora, es esencial que las veredas no tengan obstáculos y estén diseñadas con rampas en las esquinas.
¿Otras cuentas pendientes? Las aceras deberían tener un ancho mínimo de 150 cm, dimensión que permite el paso simultáneo de dos personas, una de ellas en silla de ruedas o con cochecito de bebés. Pero también cuenta el espacio hacia arriba: debe haber 210 cm libres de obstáculos: ni ramas ni toldos ni publicidad. Por otra parte, se debe utilizar una textura distinta para avisar de cambios de sentido y nivel en escaleras, rampas y cruces peatonales rebajados (que deberían estar marcados también con otro color y ser antideslizantes). Asimismo, los tachos de basura deberían ubicarse al ras del suelo, de modo de ser detectados por personas con discapacidad visual, y los asientos en las plazas, tener las condiciones de comodidad apropiadas para personas mayores.
A la adecuación del transporte público se suman dos ítems tan esenciales como complejos: la capacitación de los recursos humanos y la sensibilidad social (www.defensoriadelturista.org).
Fuente: Diario Clarín
7 de Febrero de 2012








